Las ballenas y sardinas del bitcoin: la especulación en un mercado desregulado

A no ser que hayas vivido en una cueva en 2017 habrás escuchado hablar del bitcoin. Esta criptomoneda, surgida como un medio de pago virtual basado en la tecnología blockchain con el objetivo inicial de evitar el control de los Gobiernos y los reguladores de los mercados, seguirá siendo una de las protagonistas financieras de 2018. Sin embargo, su espectacular revalorización a lo largo del año pasado, subiendo desde los 1000 dólares hasta rozar los 20.000, se debe más a la especulación de los inversores que al cumplimiento de su función como medio de pago de bienes y servicios.

Esta razón especulativa es la que llevó a Albert Martínez, de 23 años, estudiante español en Southeastern Louisiana University, a invertir por primera vez, y a hacerlo en criptomonedas. Hace unos diez meses, él compró “un bitcoin por valor de 1000 dólares, porque lo consideró como una buena oportunidad para ganar dinero”. Actualmente ese bitcoin vale 15.000 dólares, aunque hace tan solo dos días valía 12.000. Los pequeños inversores, como Albert, que entran en el mercado del bitcoin atraídos por su creciente popularidad, se llaman coloquialmente sardinas. En este océano de inversores hay otros individuos que juegan un papel mucho más importante y son conocidos como ballenas. Estos inversores poseen una cantidad lo suficientemente grande de bitcoins como para influir en el mercado y hasta hace unas semanas estaban generando cada vez más preocupación entre los inversores. Ahora parece que las ballenas se están retirando poco a poco del mercado del bitcoin y están entrando más inversores pequeños.

Se cree que las ballenas de este mercado, que compraron a precios muy bajos cuando el bitcoin daba sus primeros pasos y por motivos más filosóficos que económicos –para escapar del control de los Gobiernos– estaban haciendo movimientos coordinados de compra y venta para influir en su cotización. Es decir, podían retirarse en masa para lograr que el valor del bitcoin bajase, para luego volver a comprar en grandes cantidades y conseguir que volviese a subir aún más. Como se calcula que el 40% de los bitcoins en circulación estaban controlados por unas 1.000 personas, sus movimientos causaban importantes “olas” en el valor de la moneda. Esto explicaría en parte la fuerte volatilidad del bitcoin, que se trata de uno de sus principales riesgos como inversión.

Acciones vs bitcoins

El problema es que como el bitcoin no es como una acción del mercado de valores, no se puede prohibir que estas ballenas hagan operaciones coordinadas con la intención de influir en los precios. Los Gobiernos y organismos encargados de regular los mercados de los países no dejan de advertir de lo arriesgado que es la adquisición de bitcoins y otras criptodivisas como inversión debido a que escapan a la regulación.

Según Vicente Varo, CCO de Finect, una web sobre finanzas e inversiones, “la gran diferencia entre los mercados regulados y el bitcoin es justamente eso, que no están regulados”. Esto quiere decir que “no hay una sanción prevista para que las ballenas se llamen entre sí y se asocien para comprar o vender. En cambio, en los mercados de acciones esto es un delito. Si hay una conversación para adoptar una decisión de compra o de venta, el regulador de los mercados les puede sancionar fuertemente”.

Otra diferencia clarísima entre estos dos tipos de mercados es que, en España, por ejemplo, “si una persona tiene un porcentaje superior al 3% o si es un consejero de una empresa, debe comunicar a la CNMV [el organismo regulador del mercado de valores español] esa cantidad y cada vez que compra y vende también, porque es gente que acaba teniendo mucho peso o sus decisiones pueden llegar a tener mucho impacto [en el valor de una acción], así que cualquier movimiento que hagan debe comunicarse para que la comunidad inversora sepa lo que están haciendo, y proteger al pequeño accionista”.

Y añade a modo comparativo que “si el bitcoin cotizara en el mercado regulado entonces habría que saber quienes tienen más del 1% de los bitcoines mundiales, si su participación ha bajado del 10% al 5%, etc. Entonces habría más información para que el inversor tomara una decisión de compra o venta, pero ahora no la hay. No sabes nada a no ser que la persona quiera publicarlo”. Esto quiere decir, “que te metes en el océano con tu bombona de oxigeno —si la tienes— y no solo hay ballenas, hay tiburones por todas partes, y además lo hacen anónimamente, con lo cual no se puede saber quienes son”.

En opinión de Varo, el bitcoin tiene “una cara de la moneda buena, que es que no estas controlado por el gran hermano del Gobierno, pero tiene otra cruz, que es esta. Hay que ser conscientes de ello”.

Albert es consciente de la volatilidad que conlleva esta moneda virtual tan de moda. “Sé que en el caso de que muchos inversores vendan el precio puede caer hasta valores muy bajos, incluso cero. Claro que soy consciente de ello. No creo que conocer quien está detrás de la moneda, como inversores, pueda cambiar mis decisiones de compra o venta”. Sin embargo, advierte de que “se trata de un riesgo muy alto. Sé que un buen día puedo abrir la cuenta y comprobar que el valor es cero o casi cero”.

Sin embargo, la información es clave para cualquier inversor minorista en un mercado regulado. Vicente Varo recomienda investigar la siguiente información básica antes de lanzarse al mar:

  • Cómo le va a la compañía: da beneficios, pérdidas, etc.
  • Cómo está cotizando. Puede haber una compañía que le va maravillosamente, pero sus acciones están muy caras. Quizás no te conviene comprar en ese determinado momento.
  • Quiénes son los principales inversores. Hay inversores con una trayectoria sólida y te puedes guiar por sus decisiones.
  • Comprobar si gestores de fondos con muy buenos resultados tienen esta empresa en cartera.

Varo añade que toda esta información es pública. En España, por ejemplo, la puedes consultar en la CNMV, así que no te costará mucho encontrarla. A partir de ahí, la decisión de cuánto riesgo quieres asumir es tuya.

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