Cinco verdades sobre la economía compartida

Durante los últimos años hemos escuchado hablar del florecimiento de la economía compartida y cómo está transformando las industrias y los modelos de negocio existentes. La revista Forbes se refirió recientemente a la economía compartida como un “fenómeno empresarial masivo”. Esta nueva forma de hacer negocios tiene unas dimensiones realmente enormes, además de ser perjudicial para las empresas existentes que, de repente, tienen que hacer frente a la competencia de personas y lugares inverosímiles. Por definición, la economía compartida genera oportunidades para que las personas —como tú y como yo— trabajen para sí mismas a tiempo completo o ganen algún dinero extra.

Investopedia define la economía compartida como un modelo económico en el que los individuos son capaces de comprar o alquilar activos propiedad de otra persona, una práctica que se ha vuelto más fácil con el surgimiento de Internet. Las compañías de alto perfil que ayudan a moldear y crecer a la economía compartida actual incluyen Uber, un servicio global de transporte compartido de autos; Airbnb, un servicio de hospedaje en línea que permite a las personas alquilar casas y otros espacios por un corto período de tiempo; y TaskRabbit, un mercado móvil que pone en contacto a la mano de obra freelance con la demanda local, por nombrar algunos ejemplos. Estos servicios compartidos son a menudo convenientes, accesibles y menos costosos que las opciones de mercado existentes.

Knowledge@Wharton, la revista en línea de negocios y análisis de Wharton que se surte de la investigación y la experiencia de los profesores de Wharton, ha hecho un seguimiento de la aparición de la economía compartida desde que se generalizó hacia 2013. A continuación, cinco verdades constatadas por K@W acerca de la evolución de la economía compartida:

Origen. La economía compartida, que tal vez sea más conocida por los mercados impulsados por multitud de personas como el sitio para buscar alojamiento Airbnb y Lyft, centrada en el transporte, floreció a medida que avanzaba la recesión (2013). Al mismo tiempo, las plataformas sociales estaban estableciendo unas bases amplias. El consumo colaborativo, más factible gracias a la evolución de la tecnología, ofrecía a los consumidores formas de personalizar sus experiencias sin tener que poseer sus propios coches, casas de vacaciones y artículos que pueden estar fuera de su alcance desde el punto de vista financiero. También representaba nuevos flujos de ingresos para las personas que tenían algo que descartar o compartir. La economía compartida internacional representó alrededor de $US 15.000 millones en 2014, informa PricewaterhouseCoopers (PwC), y está en camino de representar $US 335.000 millones en 2025.

Impacto. Sin embargo, la economía compartida es una fuerza disruptiva en una serie de industrias, en particular las de viajes, bienes de consumo, servicios, taxis, bicicletas, alquiler de coches, finanzas, música, empleo y residuos. Y la disrupción puede ser a largo plazo si los nuevos negocios cambian de forma permanente las actitudes de los consumidores hacia la propiedad. Shelby Clark, directora ejecutiva hasta 2016 de Peers, una organización en San Francisco cuya misión es hacer funcionar la economía compartida, ofreció una descripción de la disrupción en el sector automotriz. “Creo que el mayor cambio que estamos viendo aquí es que la gente está eligiendo comprar la movilidad en lugar de comprar un coche”. O como dice el refrán: “no necesito un taladro, necesito un agujero en el pared”.

Alcance internacional. Aunque empezó a despegar en un principio en el mercado de Estados Unidos, la economía compartida, también llamada economía colaborativa, es un fenómeno mundial. Por ejemplo, en 2016, la Comisión Europea dio un impulso a la economía compartida en la región al anunciar que los países deberían dar luz verde a este tipo negocios, como Airbnb y Uber, para prosperar en lugar de enfrentarlos a fuertes multas y prohibiciones directas. Al emitir directrices que piden a los reguladores europeos que no prohiban a las empresas en el espacio compartido, las empresas emergentes como Peerby (una plataforma holandesa de préstamos entre pares para artículos de uso doméstico) pueden contar con menos bloqueos a medida que prevén un crecimiento futuro. “Al final, la economía compartida traerá más beneficios a todo el mundo”, dice Daan Weddepohl, fundador de Peerby. “Es una gran manera de unir a la gente y mover las cosas de una manera sostenible”. Olivier Chatain, profesor de Estrategia y Política de negocios en la escuela de negocios HEC en París y miembro senior del Instituto Mack de Wharton para la Gestión de la Innovación, las ciudades y los países europeos han sido los primeros en adoptar sistemas para compartir bicicletas, pero la región no ha sido testigo de tantas iniciativas de economía compartida a gran escala. Sin embargo, empresas como Peerby y SnappCar, una empresa holandesa que se ha convertido en la segunda mayor comunidad para compartir auto en Europa, están estableciendo sus bases.

Agitar. Como sucede a menudo con cualquier nueva forma de hacer negocios, el surgimiento de la economía compartida ha sido controvertido, especialmente cuando se trata de enfrentarse a los sistemas regulatorios existentes. En algunas industrias, los actores establecidos han recurrido a la regulación en su lucha contra las compañías entre pares. “Las empresas para compartir, como Uber y Airbnb, están entrando a los mercados de taxis y hoteles en los que los actuales participantes pierden negocio y no están contentos”, dijo Gerald Faulhaber, profesor emérito de Economía empresarial y Política pública de Wharton. De acuerdo con Faulhaber, “si Uber tiene éxito, debe aprender a jugar en el mundo real de la política, la regulación y del lobbying o cabildeo, no sólo el mundo electrónico de Silicon Valley. Tiene que contrarrestar estos esfuerzos de cabildeo con esfuerzos propios bien organizados”. Uber contrató a David Plouffe, el director de campaña presidencial de Obama, en 2014, para ayudar con algunos de estos temas. Ocho meses después, la ejecutiva de Google, Rachel Whetstone, asumió el cargo en Uber como vicepresidenta senior de políticas y comunicaciones de la compañía. Entre los debates más destacados está la cuestión de si la economía compartida está creando un gran número de empleos flexibles que ayudan a la economía o abusan de los trabajadores que ganan poco, no reciben beneficios y están desprotegidos por la legislación laboral. Mientras que esta conversación reguladora está en marcha, las compañías como Uber han abogado para las regulaciones del transporte compartido en Estados Unidos y el mundo.

El efecto Uber. Es difícil hablar de la economía compartida sin mencionar a Uber. De alguna manera, los dos se han convertido en sinónimos. Uber ahora funciona en más de 500 ciudades y 70 países. El ascenso meteórico de Uber en todo el mundo como un servicio de automóvil privado asequible con frecuencia ha capturado los titulares en los últimos años, y no siempre de una manera positiva. De forma más reciente, la compañía se ha enfrentado a un escándalo de acoso sexual. Aparte de los escándalos, Uber es un estudio de los costos asociados con la creación de un nuevo mercado innovador como la economía compartida. Muchos observadores del mercado están considerando el crecimiento de Uber frente a los beneficios, ya que se prepara para una posible oferta pública inicial en 2017. “Creo que Uber pensó: ‘Tenemos esta plataforma —esta aplicación, esta tecnología, que puede ser apalancada en cualquier parte del mundo, así que pongámonos en marcha y conquistemos el mundo’”, dice el profesor de Gestión de Wharton Exequiel Hernández, quien escribió dos estudios de caso sobre Uber para sus clases, basado en entrevistas con ejecutivos. “Lo que Uber subestimó fueron los costos que no tenían que ver con su tecnología y su modelo de negocio, los costos que tienen que ver con la política de ser legítimo, [afrontar] la resistencia regulatoria e incluso las diferencias culturales de los mercados”.

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