Gïk, una bebida que desafió a la tradición a través de la innovación

El vino, esa archiconocida bebida que se obtiene de la fermentación de la uva y los humanos han estado produciendo desde la Edad de Bronce (3.000 a.C), no ha sufrido grandes cambios a lo largo de los siglos. Sin embargo, el emprendedor español Aritz López, de 22 años, y otros cuatro veinteañeros decidieron, por diversión, agitar la industria vitivinícola y crear un producto innovador en un sector enormemente tradicional, muy poco dado a introducir nuevos sabores.

El complejo proceso de investigación y desarrollo para dar con el producto final no fue ninguna broma. Después de dos años consiguieron lanzar Gïk, un vino de color azul índigo y sabor dulce, que nació libre de cualquier norma de consumo, lo que a su juicio estaba más en sintonía con los valores propios de su generación. Gïk ya se conoce en 25 países del mundo.

Lo que Aritz y sus socios hicieron al comercializar su vino azul a partir del año 2015 se llama innovación de producto y consiste no solo en crear un producto totalmente nuevo o diferente dentro de un sector, también en seducir a una parte de los consumidores que a partir de entonces pasan a identificarse con él.

Knowledge@Wharton High School conversó con López acerca del origen de su inspiración y el proceso innovador.

K@WHS: ¿Cómo surge la idea de crear un vino azul?

Aritz López: Los fundadores de la empresa somos todos muy jóvenes y siempre hemos tenido mucha inquietud por la innovación y crear cosas nuevas. Nos propusimos como objetivo encontrar la industria a la que, a nuestro parecer, le hacía más falta una revolución. Y pensamos que el mundo del vino era perfecto porque es un mundo muy reglado y anclado en el pasado, que siempre prefiere la tradición a la innovación y la vanguardia. Además, parece que crean productos muy elitistas, que solo unos pocos tienen un paladar preparado para apreciar todos sus matices. Para nosotros, esto no tenía ningún sentido. Entonces pensamos crear un producto para la gente normal, más que para los expertos del sector. Así surgió la idea de meternos en esta industria.

Detrás del color azul hay una razón bastante potente: siempre estábamos buscando la inspiración en distintos sitios y descubrimos un libro que se llama “La estrategia del océano azul” en que se hace una metáfora sobre los mercados que existen actualmente y los océanos. El libro dice que los océanos actuales son rojos porque están muy saturados de competencia, que compara con tiburones, y que esta competencia es muy feroz porque pelean entre sí por los mismos valores y por los mismos clientes, que son los peces. Estas luchas acaban tiñendo el océano de rojo sangre. También habla de crear océanos azules, que son mercados en los que a través de la innovación todo el mundo puede ser libre de alguna manera. Nos pareció tan poético convertir una bebida tradicionalmente roja en azul, que al final nuestra bebida no podía ser de otro color, tenía que ser azul.

La idea se transformó en realidad gracias a toda la ayuda que recibimos, entre otros, de la Universidad del País Vasco, donde hemos estudiado, y de un equipo de ingeniería química que nos ayudó a desarrollar el I+D del producto, porque cambiamos no solo el color, también el sabor, que queríamos que fuera fresco, dulce, accesible a todos. Gïk tiene un sabor muy característico. Para nosotros no es un vino, es un acto de creatividad, casi una nueva categoría.

K@WHS: El hecho de que ninguno de los fundadores de Gïk tuvieseis tradición en la industria, ¿ayudó a crear un producto tan radicalmente opuesto a lo establecido? ¿Creéis que ha facilitado el proceso de innovación? ¿En qué sentido?

López: Muy posiblemente sí, porque todas estas concepciones —el halo de divinidad y elitismo del que se rodean muchos productos del sector— están muy interiorizadas en los que trabajan en la industria, pero para nosotros no existen. Queríamos cambiarlo. A nuestro parecer no tenían ningún sentido y no nos sentíamos nada identificados con ellas, quizás por eso nos atrevimos a hacer esta blasfemia, como lo han llamado algunos [críticos]. Para nosotros Gïk no es un vino, es un antivino.

K@WHS: ¿Cuál fue el mayor desafío que os encontrasteis en ese proceso innovador y cómo lo superasteis?

López: El mayor desafío fue sobre todo el proceso de desarrollo, el I+D. El hecho de que no fuésemos ni enólogos, ni bodegueros, que no hubiésemos hecho nada parecido nunca… Para nosotros era muy importante que fuese un producto saludable, adaptable a todo el mundo, al gusto del mayor número de personas posible.

También el proceso de decoloración del vino [para conseguir el color azul], el descubrir que teníamos que usar unos pigmentos orgánicos porque era lo que mejor aguantaba debido a que la base que utilizamos, mezcla de diferentes variables de uva tinta y uva blanca, es bastante compleja de tratar porque tiene un pH muy ácido. No nos resultó fácil estabilizar el color y el sabor. Desde el principio rechazamos la idea de usar azúcares añadidos porque se relacionaban con un estilo de vida poco saludable, como fermentan en la botella y aumentan las calorías, al final tuvimos que usar edulcorantes no calóricos.

Gracias a toda la ayuda recibida hemos conseguido hacerlo mucho más rápido que de haberlo intentado nosotros solos, que hubiera sido casi imposible.

K@WHS: ¿En qué tipo de paladares o consumidores estabais pensando cuando lo creasteis?

López: Al principio pensábamos que iba a ser un vino para jóvenes porque solemos pensar que éstos tienen la mente más abierta pero, al final, como vendemos a través de nuestra web y contamos con datos fiables, hemos llegado a la conclusión de que nuestro producto es para gente joven de 18 a 90 años. El target es súper amplio y la verdad es que la respuesta que estamos recibiendo es muy positiva en la mayoría de los casos. Siempre está el defensor férreo de su vino tinto que dice: “¡qué blasfemia es esta!, ¡qué invento más terrible! Otro nos dijo hace poco: “por favor, no tengo nada en contra de la innovación, pero dedicaros a hacer apps y dejar el mundo del vino”. Me parece muy contradictorio estar a favor de la innovación y hacer ese comentario. Nos hacen gracia estas reacciones.

K@WHS: ¿Cómo surgió el nombre del producto?

López: La palabra Gïk no tiene ningún significado. Siempre intentamos hacer algo que fuera en contra de la industria, que siempre parece que recurre al mismo estilo de nombres como Milenario, el de alguna diosa griega, de un Marqués, etc. Nosotros queríamos buscar tres letras que se pudiesen pronunciar en cualquier idioma, que no tuviese ningún significado y que fuese una composición estéticamente bonita.

K@WHS: ¿Qué consejo le daríais a otros emprendedores interesados en la creación de algún producto innovador, ya sea en la industria de agroalimentaria o en cualquier otra industria?

López: Sobre todo atreverse, que no tengan miedo y pensar que los limites no existen. Nunca hay suficiente innovación en el mundo y no todo está inventado.

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