Un creador desarrolla el plan de negocios para su más reciente innovación, el ‘Eye-pad’

Angad Daryani, un joven de 17 años en la capital comercial de la India, Bombay, se denomina a así mismo “emprendedor de tecnología social”. Pocos pueden discutir que él ha vivido hasta esa misión, aún a una edad tan joven. Al ser un “creador” autoproclamado que cree en el poder de la curiosidad, los códigos abiertos y los tutoriales en línea, Daryani ha fabricado muchas cosas, y como dice, pretende fabricar mucho más. Es un verdadero campeón de la innovación tecnológica, y su proyecto más reciente abarca una ingeniería que satisface una necesidad del mercado.

Ahora, en su último año de escuela en la Jamnabhai Narsee International School de Bombay, Daryani está armando un plan de negocios para comenzar a fabricar un lector electrónico de sistema Braille de bajo costo que ha estado desarrollando por unos años. El producto hace que los documentos en PDF y Word sean accesibles para la gente que lee en Braille mediante la utilización de espigas para proyectar los caracteres por encima de la superficie en un dispositivo tipo iPad.

‘Solucionando problemas reales’

Nuestro equipo de KWHS encontró el proyecto “eye-pad” de Daryani especialmente fascinante dadas las ideas de emprendimientos similares que hemos destacado en los perfiles de nuestro diario de negocios. Tomemos, por ejemplo, a Shubham Banerjee, un adolescente del Silicon Valley de California, que creó una impresora de bajo costo en sistema Braille para ofrecerles una alternativa de impresión más asequible a los ciegos y disminuidos visuales. Banerjee, con la ayuda de muchos socios, armó Braigo Labs para comercializar su idea. En marzo pasado, Banerjee recibió el Premio Edison a la Innovación 2016 “The Tommy”.

Aproximadamente por esa época, los lectores de KWHS conocieron a Rajat Bhageria, el fundador de ThirdEye Technologies, una empresa que recién se inicia (startup) que desarrolla software para ayudar a la gente con disminución visual a través del reconocimiento de objetos en base a retroalimentación auditiva. Esta semana nos pusimos al día con Bhageria para comprender mejor esta fascinación con el mercado por las personas con disminución visual.

“Parece haber como un boom en la cantidad de gente joven que trabaja en productos y emprendimientos nuevos para los ciegos y disminuidos visuales”, destaca Bhageria, quien acaba de cumplir 20 y terminó su segundo año en Wharton. “Lo que es aún más interesante es que muchos de estos fundadores realmente no tienen demasiada experiencia previa personal en tratar con gente con disminución visual. Muchos de ellos son estudiantes universitarios que están capitalizando el poder de la computación en la nube y la facilidad del desarrollo de software de aprendizaje hoy en día para construir un producto que piensan que puede marcar una diferencia. Después de todo, ¿cuál es la mejor forma de marcar una diferencia en el mundo que ayudar a empoderar a los ciegos y personas con disminuciones visuales? Al final del día, es increíblemente emocionante ver gente resolviendo problemas reales en el mundo”.

Marcando una diferencia, sí, y también desarrollando algunas habilidades comerciales en serio en el proceso. El plan de negocios para el lector electrónico de Braille de Daryani es lo más serio que puede ser. Desarrolla el producto desde la etapa cuando la idea en sí echó raíces, pasando por la recaudación del capital para la inversión, identificación de los mercados, planificación de estrategias de fabricación y distribución y administración del talento.

El equipo detrás del lector de Braille incluye a Daryani y tres personas más: Vijay Varada, Raghavendra S.H. y Ankit. Varada administra de forma activa el emprendimiento.

Ellos visualizan un mercado global enorme para su llamado “Virtual Brailler”. De acuerdo a Daryani, el producto encontraría su mercado dentro de la población mundial de gente disminuida visualmente, incluyendo a aquellos con visión baja, de unos 285 millones. Él piensa que un precio asequible sería alrededor de $100 cada uno. Es similar a otros productos que se encuentran en el mercado minorista por aproximadamente $2.000 cada uno, agrega.

Daryani espera que el proyecto Brailler rinda “una rentabilidad modesta”. Pero anticipa más éxito comercial con otros dos proyectos que crearon él y Varada. Uno es una impresora 3-D de bajo costo, y el otro es un kit “hágalo usted mismo” de bajo costo para aprender habilidades tales como programación. Ha dicho que su objetivo es “acumular más desarrolladores y creadores tecnológicos para que recojan los problemas del mundo real e ideen soluciones elegantes para esos problemas mediante la utilización de la tecnología”.

Estrategia de mercado, inversión y operaciones

“Encontrar gente que enfrente problemas” es la mejor manera de identificar una necesidad de mercado, cuenta Daryani, que ha estado innovando desde que diseñó su primer proyecto tecnológico, un robot, a los 8 años. Ha obtenido atención por sus muchos éxitos tecnológicos, incluyendo un electrocardiógrafo móvil. La idea para el lector electrónico Brailler surgió cuando fue parte de unos pocos proyectos del Laboratorio de Medios del MIT en tecnología de la salud entre 2013 y 2015.

Para esos proyectos, el MIT reunió a un grupo de 100 personas que incluía ingenieros, diseñadores y gente de negocios. Idearon 25 sugerencias para productos y más adelante probaron los prototipos. Daryani comenzó a trabajar, primero, en la construcción de un dispositivo de asistencia para la lectura de los disminuidos visuales.

El equipo de Daryani probó el producto en un hospital que es parte del L.V. Prasad Eye Institute en la ciudad de Hyderabad en la India. Más tarde habló acerca del producto en un evento TEDxGateway en diciembre de 2013 y más adelante en eventos TEDx en Bangalore y Singapur. También llegó a realizar una presentación sobre el producto ante el destacado industrialista indio Ratan Tata, quien resulta ser un gran defensor de los proyectos del Laboratorio de Medios del MIT en la India. Los potenciales compradores e inversores de ideas filantrópicas comenzaron a tomar nota.

Daryani prefiere diseñar un producto de precio asequible, destinado inicialmente al mercado indio. Para el mercado estadounidense, emplearía una estrategia diferente, que no es tan de bajo costo, explica. Los costos de mano de obra barata, los bajos costos de investigación y los limitados requisitos regulatorios en India brindan la base para una oferta de bajo costo, explica. “Es una estrategia de margen bajo, volumen alto”.

Las matemáticas de Daryani estabilizan la inversión inicial requerida en el proyecto Virtual Brailler a Rs. 50 lakh (cerca de $75.000) para comenzar la fabricación comercial. Mientras está encaminada la búsqueda para encontrar inversores para ello, desea construir sobre el interés que despertó entre los donantes filántropos. Funcionaría de manera que esas donaciones vayan a las escuelas para ciegos para ayudarlos a comprar sus Braillers.

El acercamiento a tales donantes requiere una estrategia única, sugiere Daryani. “No me acerco a los filántropos directamente”, aclara, a pesar de que se ha reunido con unos pocos en sus rondas de trabajo en red. “Uso a alguien influyente en el medio para hacer que suceda la transacción”. Explica por qué prefiere ese acercamiento indirecto: “Tienes claridad porque el donante estaría abierto con el intermediario y el intermediario estaría abierto conmigo”, aclara. “El acercamiento de forma directa a las personas importantes no siempre funciona”.

Daryani espera que, a un precio de $100 o Rs. 6.000 cada uno, las escuelas para ciegos en India constituyan una porción importante de este mercado. Destaca que sólo en Bombay estas escuelas llegan a aproximadamente 5.000 usuarios potenciales. Muchas escuelas le enviaron solicitudes por correo electrónico luego de su charla TEDx en 2013 (ver Enlaces relacionados), además de la proyección de los padres de personas disminuidas visualmente.

Daryani cree en el modelo de ventas y distribución que usa el Director Ejecutivo (CEO) de Tesla, Elon Musk, para sus autos eléctricos: todas son distribuidoras propiedad de la empresa y no hay franquicias. “Elimina al intermediario”, aclara. Explica que tal modelo tendría sentido porque su emprendimiento podría satisfacer directamente las necesidades del cliente con poco desfase temporal. “Podríamos fabricar estos dispositivos con máquinas, soldando los componentes, a una velocidad de un dispositivo por hora”, agrega.

Tal proceso de fabricación también podría significar bajas necesidades de capital de trabajo, aclara Daryani. “Mantenemos al producto sencillo, para que podamos abastecernos de los componentes con facilidad y justo a tiempo”, añade. Su mercado estaría compuesto por dos grandes grupos: escuelas o universidades y clientes individuales. Ya hay más de 1.200 compradores potenciales que expresaron su interés, comenta.

Obtener los componentes del Brailler incluye pocas complejidades. “En términos de proveedores, tenemos demasiadas opciones”, explica. También desea que el producto esté bien diseñado y producido. “El producto nunca debería regresar para un servicio técnico: debería ser estable y no tener demasiados bugs”, agrega. “El control de calidad es muy importante en el armado de productos tecnológicos de bajo costo”.

El único desafío importante que enfrentan Daryani y su equipo en el desarrollo de su producto incluye a las espigas, o actuadores, que hacen que se pueda acceder en Braille al texto en los documentos. El diseño de un producto con múltiples espigas que también sea portátil, liviano y fácil de trasladar no es sencillo, agrega. Durante el último año, Varada y Daryani perfeccionaron los diseños de la espiga, pero su próximo desafío es encontrar proveedores confiables. Identificaron unos proveedores coreanos para las espigas, y comenzaron el proceso de negociar con ellos.

Otra regla de Daryani es “tener a las personas correctas trabajando en la empresa: dividir el trabajo entre la gente con los conjuntos de habilidades adecuados”. Con frecuencia, en los emprendimientos que recién se inician, muchos de los miembros fundadores terminan haciendo las mismas cosas. También desea mantener bajos los costos contratando pasantes universitarios que podrían planificar su trabajo en el emprendimiento como parte de sus proyectos del último año. Ya utilizó un enfoque similar para el proyecto de la impresora 3-D. Esa ruta tiene sus ventajas y desventajas: “El problema es que los pasantes no están en el mismo plano que tú y están experimentando a costa tuya”, explica. “Pero vale la pena. Es mejor que contratar profesionales y pagarles sueldos enormes”.

Daryani hace malabares entre el estudio y sus creaciones tecnológicas, pero preferiría no hacerlo así. Les advierte a otros jóvenes emprendedores que actuar sobre tus ideas comerciales innovadoras podría exigir compromisos. “No es buena idea trabajar en tu educación y en tu empresa que recién se inicia a la vez; uno de los dos podría sufrir”, aclara. Él no sólo terminó retrasando el lanzamiento de sus productos, sino que su educación también recibió un golpe. “Yo quería ir al MIT, pero mis calificaciones no fueron las mejores”.

Aún así, Daryani tiene grandes planes. A fines de agosto partirá rumbo a la Universidad de Massachusetts en Amherst para comenzar a trabajar en un título en ingeniería eléctrica e informática.

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