Ligas universitarias de EEUU, tierra prometida de los deportistas estudiantes internacionales

college-sports-550

El español Diego Courbis, de 19 años, tuvo que enfrentarse al mismo dilema al que se enfrentan la mayoría de los deportistas destacados de todo el mundo que están cerca de graduarse de la escuela secundaria: “¿Qué va a pasar con mi carrera deportiva a partir de ahora? ¿Seré capaz de equilibrar deporte y universidad?” Courbis, corredor de 400 metros vallas, pensó que en España, donde el ámbito académico y el deportivo van por separado, tendría dificultades para “salir adelante” si compaginaba ambas facetas. La respuesta a su inquietud estaba en el sistema universitario americano, donde los deportistas como él pueden recibir una educación de calidad y competir a un altísimo nivel en cualquiera de sus tres ligas universitarias.

Hoy en día, tras un largo y complejo proceso de reclutamiento, Courbis estudia un Bachelor of Arts in Communications en California State University Fullerton y compite en la División I de la NCAA (National Collegiate Athletic Association), la liga más grande y que mayor número de becas concede cada año. “Siento que ahora tengo más posibilidades de tener una carrera educativa y deportiva al mismo tiempo. La universidad me ofrece ayuda para organizar los horarios, profesores de apoyo, tengo prioridad a la hora de elegir clases, etc. Hasta el momento, mi experiencia está siendo muy positiva”, señala.

Courbis no está solo. España se ha convertido en el quinto país extranjero por número de deportistas en las ligas NCAA, organizadas en tres divisiones, donde actualmente hay más de 900 compitiendo en una amplia variedad de disciplinas de un total de 460.000 estudiantes atletas. Miles de jóvenes de otras partes del mundo también quieren cumplir el sueño de alargar su carrera deportiva, pero encontrar una universidad que se adapte a su perfil, sus necesidades particulares y además obtener una beca que ayude a financiar parte o el total de los costosos estudios universitarios del país no es una tarea sencilla.

Proceso de reclutamiento

Courbis, que contó exclusivamente con la ayuda de su familia para completar parte del proceso de reclutamiento, lo confirma: “En teoría es fácil porque los departamentos atléticos de las universidades tienen una sección en su página web dedicada a los candidatos, también la NCAA proporciona información. Sin embargo, durante el proceso descubrimos que algunas universidades no concedían becas deportivas—la Division III de la NCAA, por ejemplo— ya que no les está permitido, si no haces exámenes como el SAT (de acceso a la universidad) o el TOEFL (para medir el nivel de inglés) con suficiente antelación puedes llegar tarde al proceso de reclutamiento, además hay que traducir los expedientes académicos de secundaria y un largo etcétera”.

Por este motivo, cada vez hay más empresas especializadas en el asesoramiento de estos deportistas. Gonzalo Corrales, que vivió esta experiencia en primera persona gracias a una beca deportiva obtenida en el año 1995, decidió fundar AGM Sports, en 2004, para que otros pudieran seguir sus pasos. “Mi experiencia fue tan increíble en todos los sentidos, además de no costarme nada por ser un buen tenista, que me planteaba: cómo es posible que esto no esté lleno de futbolistas, tenistas, nadadores o golfistas… Cuando se fundó la empresa sólo había 30 españoles en EEUU, ahora hay 900”, dice. De ellos, su compañía ha gestionado entre 500 o 550 casos, comenta, el resto corresponde a pequeñas empresas que se han creado en los últimos tres o cuatro años, lo que confirma el creciente interés por esta oferta educativa.

Corrales destaca que aunque el proceso es ciertamente complejo, si se tienen en cuenta las siguientes cuatro variables, se encuentra el sitio idóneo para cada deportista:

  • La universidad tiene que tener la carrera que el deportista quiere estudiar.
  • Los chicos deben ser felices, disfrutar y formar parte de algo importante a nivel deportivo; una universidad puede parecer buena pero quizás luego no puedan competir.
  • Después de becas, la universidad seleccionada debe acomodarse al presupuesto familiar.
  • Tener en cuenta los aspectos sociales: universidad grande frente a pequeña, rural o urbana, en un lugar frío o caluroso, etc.

Por otro lado, Corrales destaca que a nivel familiar debe haber tanto flexibilidad para adaptarse a estas variables como un total compromiso. Del 100%, puntualiza, “¡qué nadie dentro del hogar tenga dudas o no esté convencido de la apuesta educativa!”. Cristián Courbis, padre de Diego, coincide con este punto de vista: “No tuve ninguna duda al respecto. Pensé que Diego era una persona con talento deportivo y si no estudiaba en EEUU, entonces su talento se perdería. Se trata de un paquete: puedes hacer las dos cosas, pero con exigencia a nivel académico, porque si no tienes una media buena en la universidad, no puedes competir”. Y destaca que no tenía ninguna preocupación concreta antes de la marcha de su hijo al país, “más allá de la capacidad de adaptación a un sistema educativo distinto y a unos entrenadores también diferentes a la hora de entrenar y relacionarse con el atleta. En Europa el entrenador es una figura cercana, casi un amigo, y en EEUU es como un jefe”.

Bajo porcentaje de fracasos

Diego refrenda la opinión de su padre respecto a las dificultades que se pueden encontrar los deportistas en la universidad. “En un principio, lo más difícil fue acostumbrarme al inglés más académico que se utiliza en el aula. En cuanto a los entrenamientos, aquí se concentran más en lo físico y en Europa más en lo técnico”. Aún así, Corrales destaca que los fracasos de adaptación son mínimos y suelen están más que nada relacionados con el aspecto deportivo. “El porcentaje de fracasos está en torno al 1% o 2%. Suelen producirse porque el deportista elige mal la universidad o porque al principio no juega. En el fútbol o el baloncesto, donde las decisiones las toma el entrenador, estar en el banquillo puede generarles dudas que luego les lleve al fracaso”. Sin embargo, en deportes individuales, como el atletismo o el tenis, este tipo de situaciones no se producen. “Enseguida cogen confianza y todo es muy fácil. Además el deportista cuenta con la ventaja, frente al estudiante normal, de que según llega al país tiene entre 8 y 24 amigos íntimos de golpe por pertenecer a un equipo”, afirma.

Las tasas de graduación de los estudiantes atletas como grupo, según la información que publica la NCAA en su página web, son más elevadas que las del resto de alumnos y además “se sienten mejor preparados para la vida posterior a la universidad”. Ocho de cada diez, dicen, conseguirán una licenciatura, y más del 35% un título de postgrado. En gran parte esto se debe a que los deportistas son conscientes desde muy jóvenes de la importancia de equilibrar de forma óptima ambas facetas de su vida. Ashley Zhu, tenista canadiense de origen chino y estudiante de 17 años en la Phoenix Christian Preparatory School que a partir de agosto estudiará en la Universidad de Pennsyvania, afirma que “hay que utilizar cada minuto de forma productiva porque el tiempo de un estudiante atleta es mucho más valioso que el de aquellos que se concentran en que les vaya bien solo en el deporte o a nivel académico”.

Corrales, de AGM Sports, que asesoró a Ashley durante su proceso de reclutamiento y ha trabajado con estudiantes de 40 países, aunque se centra mayoritariamente en el mercado español, señala que “todavía queda mucho talento por descubrir en otras partes del mundo” y menciona el caso de América Latina. “Tenemos una oficina en Colombia, pero como no contamos con la misma infraestructura comercial que en España, nuestra actividad es más reactiva que proactiva. Sin embargo, hay deportistas con el suficiente nivel deportivo en fútbol, golf o atletismo en la región como para recibir becas de EEUU”. Por último, destaca que las ligas universitarias conceden más becas y de mayor cuantía a las mujeres que a los hombres, lo que representa una tremenda oportunidad para las mujeres de cualquier nacionalidad. “El 65% de nuestras chicas han ido a EEUU con los 4 años de universidad pagados”, dice.

Una vez graduados, los deportistas vuelven a casa con un título universitario americano bajo el brazo, con un nivel de inglés bilingüe y quizás con algo de experiencia laboral. “El departamento atlético nos facilita el contacto con empresas que están interesadas en contratar profesionales con nuestro perfil. De hecho yo ya he tenido contacto con alguna de cara a mi graduación en 2019”, señala Courbis. Tal y como indica Jason R. Andrews, de Equity Financial Services, en la web de la NCAA: “Nunca nos hemos arrepentido de contratar ex estudiantes atletas. El deporte universitarios les enseña habilidades muy valiosas que transfieren de forma inmediata al lugar de trabajo, como gestión de tiempo, responsabilidad, fijarse metas y la habilidad para trabajar con otros”.

This entry was posted in Deportes y Espectáculos. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Join the Discussion