¿Eres latinoamericano? Por qué deberías conocer la inflación, o precios ‘inflados’, y sus consecuencias

supply-chain-managementSi sueles estar atento a las noticias económicas, te habrás dado cuenta de que, a principios de año, los medios de comunicación empiezan a bombardearnos con cifras de cómo le fue al país el año anterior desde el punto de vista económico y cómo le irá el año siguiente. Una de las que más suelen encender las alarmas de políticos y economistas es el dato de la subida de precios durante un periodo de tiempo determinado, o lo que es lo mismo, la inflación.

Los ciudadanos también suelen están muy atentos a este dato, especialmente si viven en América Latina, donde en algunos países como Argentina o Venezuela los cálculos del Fondo Monetario Internacional indican que la inflación se situará en 2016 en el 26% o 210%, respectivamente, cuando en los países más desarrollados suele ser de en torno al 2% o 3%. “Siendo argentino no tardé en escuchar acerca del concepto de inflación”, recuerda Ariel Feldman Bracke, estudiante de ingeniería química de 19 años. Durante mis últimos años de secundaria en la Escuela Ort, en Buenos Aires, se volvió un tema muy polémico “debido a que teníamos un gobierno el cual devaluaba la moneda de forma continua y esto generaba inflación. A esto se sumó el hecho de que el gobierno estaba alterando los índices inflacionarios” y la gente no sabía realmente cuál era la inflación real del país.

Una inflación muy alta perturba la vida de las familias porque afecta su poder adquisitivo, es decir, “con la misma cantidad de dinero, pueden comprar menos cosas al final del periodo que al principio”, explica Patricia Gabaldón, profesora del Área de Entorno Económico de IE University, en España. Si una familia es pobre la situación puede ser dramática, porque se verá aún más afectada por los aumentos de precios, incluso sobre productos relativamente baratos, como el maíz con el que hacen las tortillas o los tacos que consumen, lo que reducirá su nivel de vida.

En el caso de Ariel, cuando se acerca a un comercio para hacer una compra, se encuentra “con precios que no se parecen en nada a los anteriores, por lo tanto tengo que estar cambiando siempre [en mi cabeza] los valores de referencia. Haber comprado un producto hace unos años y ver que ahora está al triple de precio sorprende y también marea”.

La reacción de las personas a una alta inflación genera un circulo vicioso en que las decisiones de consumo se toman cada vez más rápidamente “y esto provoca mayores aumentos de precios, ya que los consumidores quieren comprar los productos antes de que suban aún más de precio”, añade Gabaldón. Para combatir esta situación, comenta Ariel, “intento comprar productos más baratos, quizás no de primera marca, porque sinceramente no sé qué porcentaje del aumento de precio hoy en día en los productos más caros deriva de lo que ha costado producirlo o por la especulación”. Desde el punto de vista financiero, añade, “siempre intenté ahorrar algunos dólares estadounidenses. Así sé que mis ahorros van a seguir aumentando y no se van a reducir en comparación al aumento de precio”.

Por su parte, Gabaldón también tiene algunas recomendaciones:

  • Si tienes una cuenta en un banco o la tienen tus padres, busca productos financieros que cubran al menos el aumento previsto de los precios o intenta negociar contratos que incluyan cláusulas diciendo que se actualizarán con el aumento de precios, y así poder recuperar parte del poder adquisitivo perdido.
  • La inflación no afecta generalmente a todos los productos por igual. Consume aquellos que ves que suben sus precios lo menos posible.
  • Si ves que un producto está aumentando mucho de precio y lo vas a consumir igualmente, cómpralo lo antes posible.

¿Pero quién nos ayuda a controlar la inflación? Los Bancos Centrales. Estos controlan la cantidad de dinero en circulación a través de diferentes herramientas, entre las que destaca el control de tipos de interés, que son los precios que pagan los bancos por el dinero depositado o prestado durante un periodo de tiempo. “Cuando hay inflación, para reducirla hay que retirar dinero de circulación para que no se consuma tanto y esto se consigue subiendo los tipos de interés. Al contrario, cuando hace falta que la inflación sea más alta, se incorpora más dinero bajando tipos”, explica Gabaldón. Porque tampoco es bueno no tener inflación. Un nivel de inflación reducido, del 2% o 3%, hace que a la gente le apetezca consumir antes de que suban más los precios, pero no le afecta tanto como para dañar su poder adquisitivo. Así el dinero sigue circulando y la economía sigue moviéndose. La clave de la inflación, destaca Gabaldón, “es que sea estable y predecible, para que los ciudadanos y las empresas puedan tomar medidas para prevenirla en la medida de lo posible”.

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