Romper las barreras de la comunidad: La pelea por la justicia medioambiental

El activista por la justicia ambiental, Asa Needle

El activista por la justicia ambiental, Asa Needle

Si creciste en una ciudad durante la década de los 90, probablemente viste los pósteres en el consultorio de tu pediatra. Detallaban las causas, síntomas y opciones para tratar el envenenamiento por plomo, e instaba a los padres a asegurarse de que sus niños no se expusiesen a este material, especialmente a través del astillamiento o desprendimiento de las pinturas basadas en plomo en el hogar. Quizá estudiaste estos pósteres mientras el pediatra controlaba tu presión sanguínea. Quizá tus padres le solicitaron un folleto a la recepcionista a la salida.

Pero según Asa Needle, un adolescente que vive en Worcester, Massachusetts, estas medidas preventivas tenían un defecto: los niños que tenían el riesgo más alto de sufrir envenenamiento por plomo raramente tenían la oportunidad de ver a un médico.

Needle, de 17 años, es un activista prometedor en el movimiento por la justicia medioambiental. Recientemente, ganó el Premio Joven Brower, que se otorga al adulto joven que esté realizando contribuciones destacadas a la causa de la justicia medioambiental. Durante décadas, las fábricas y operaciones industriales se aglomeraron en áreas urbanas, sometiendo a los residentes a un riesgo mayor de enfermedades relacionadas con la contaminación del aire y otros efectos nocivos. La Justicia Ambiental (EJ, por su sigla en inglés), es la noción de que las comunidades de bajos ingresos y minoritarias no deberían exponerse a una cantidad mayor de contaminación, y si lo hacen, constituye una forma de discriminación. Los activistas como Needle pelean por los derechos medioambientales de estos grupos.

‘Campos donde no crecía nada’

La exposición al plomo, explica Needle, es un componente crítico de esa lucha. Las ciudades con frecuencia construyen alojamientos para bajos ingresos en las áreas con la mayor concentración de plomo y otros contaminantes. Esto tiene un impacto negativo en la salud de los pobres en áreas urbanas, y también se puede extender a la gente de color, mujeres que todavía ganan 77¢ frente al dólar promedio del hombre, y a la gente que no puede encontrar y/o mantener empleos bien pagados. El plomo en estos vecindarios es particularmente peligroso para las mujeres embarazadas y niños menores de cinco años, y se le ha vinculado a todo, desde anemia hasta mal desempeño en pruebas estandarizadas. En casos extremos, se supo que causó convulsiones. Con estos importantes riesgos para la salud bien documentados en mente, las ciudades quedaron bajo fuego por su falta de asistencia a la gente en estas condiciones. En su peor aspecto, fue equiparado a una especie de limpieza tácita de la población.

“Al crecer en Worcester”, explica Needle, “pasé mucho tiempo caminando por diferentes vecindarios. Desde una edad temprana, observaba basura y agujas en la calle, fábricas abandonadas, campos donde no crecía nada. Aún entonces, pude ver que las comunidades más pobres estaban siendo dejadas atrás; que la atención de la ciudad se dirigía a cualquier otro lugar. Ahora, como organizador de la comunidad en Worcester, considero la justicia medioambiental como una forma de llamar la atención sobre, y de romper las barreras que existen entre las comunidades, basadas en clases, raza y estado de documentación”.

A Needle le otorgaron el premio Brower por su trabajo con el Proyecto Raíces de Worcester, una organización sin fines de lucro que apunta a hacer que los vecindarios urbanos post industriales sean más habitables para los niños y familias. Como “cazadores de suelos tóxicos” Needle y sus compañeros de trabajo diseñaron un sistema que implica comprobar el suelo en busca de niveles tóxicos de plomo, hacer crecer plantas que absorban el plomo y, posteriormente, desechar las plantas.

Los problemas que el movimiento por la justicia medioambiental busca corregir no se limitan a las áreas urbanas. Por ejemplo, los trabajadores golondrina, con frecuencia están expuestos a pesticidas durante sus jornadas laborales largas y físicamente agotadoras. Los problemas urbanos, sin embargo, generalmente son los más publicitados, y con frecuencia oponen a empresas que se cree que son las que causan los peligros medioambientales contra los residentes locales y grupos ambientales, lo que incluso tiene como resultado demandas legales por justicia medioambiental de alto perfil. Allá por 2001, por ejemplo, un juez federal detuvo las operaciones en St. Lawrence Cement, una planta de cemento en Camden, Nueva Jersey, diciendo que las emisiones tóxicas provenientes de las instalaciones dañarían a los residentes cercanos y violaban sus derechos civiles. La sentencia de la justicia ambiental que sentó precedente llegó en una causa presentada por South Camden Citizens in Action (Ciudadanos de South Candem en acción), un grupo comunitario formado por residentes locales que se preocupaban por que la planta de cemento incrementaría sus riesgos de salud agregando más contaminación al aire ya contaminado de la región.

El lado comercial de la EJ

A medida que el movimiento por la justicia ambiental creció, también lo hicieron la exigencia del cumplimiento y las multas contra las empresas. De acuerdo al procurador general de EE. UU., Eric Holder, “Nuestras leyes y protecciones medioambientales deben extenderse a toda la gente, sin importar la raza, etnia o posición socioeconómica, que es la razón por la que el Departamento de Justicia se compromete a ocuparse de las preocupaciones de justicia ambiental a través de exigir el cumplimiento de manera agresiva de las leyes federales en cada comunidad”. A principios de abril, por ejemplo, el Departamento de Justicia y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los EE. UU. anunciaron que Dominion Energy pagaría una multa civil de $3,4 millones y gastaría aproximadamente $9,8 millones en proyectos de mitigación ambiental para solucionar las violaciones a la Ley de Aire limpio.

“Este acuerdo mejorará la calidad del aire en estados en el Medio Oeste y Noreste al eliminar decenas de miles de toneladas de contaminación dañina del aire cada año”, indicó Ignacia S. Moreno, procuradora general asistente de la División Ambiente y Recursos Naturales del Departamento de Justicia. “Estas reducciones marcan el paso más reciente en la continuación de nuestros esfuerzos, junto con la EPA, para proteger la salud pública y el medioambiente a través del cumplimiento riguroso de la Ley de Aire limpio”.

Debido, en parte, al movimiento por la justicia ambiental, algunas empresas se volvieron más sensibles con las comunidades que las rodean, mejorando el diálogo con los residentes locales. Donald McCloskey, Director de Política ambiental de PSEG, una empresa de servicios públicos con sede en Newark, Nueva Jersey, dice que muchas empresas saben que sus decisiones acerca de establecer instalaciones y cambiar las operaciones existentes deben considerar los impactos en las comunidades de bajos ingresos y minoritarias. “Es bastante fácil ocuparse de los principios fundamentales”, destaca. “Es la comunicación regular cuando se van a realizar cambios importantes a las instalaciones, el diálogo continuo durante esos cambios, y después de que se realizan los cambios, una oportunidad para que la comunidad proporcione comentarios y recorra las instalaciones. No tienes que ser una empresa grande con muchos recursos para tener una comunicación efectiva y una relación que funcione con el vecindario que te rodea”.

Robert E. Maher, Jr., Jefe de Sección Asistente de la Sección de Cumplimiento Ambiental del Departamento de Justicia de los EE. UU., destaca que las multas civiles contra las empresas con frecuencia se reducen si el infractor acuerda comprometerse a un proyecto beneficioso para el medio ambiente en la comunidad afectada. Maher trabajó en casos donde los infractores pagaron para modernizar los ómnibus escolares para reducir la contaminación con emanaciones de escapes de diésel. La EJ, agrega Maher, es un proceso sin fin. “La justicia medioambiental quizá no sea alcanzable”, dice; “pero es un objetivo que vale la pena”.

Needle, quien estudió en su casa, no estudió, o alguna combinación de ellos durante gran parte de su vida, obtuvo su GED en abril de 2011 para seguir su activismo y organización de la comunidad a tiempo completo. “Si encuentro algo que deseo hacer para lo que sea necesaria la universidad”, dice, “sé que puedo traducir mi trabajo en alguna clase de aplicación coherente. Como carrera, ya estoy haciendo lo que más quiero hacer. Muy probablemente haré alguna clase de organización o educación durante el resto de mi vida, y que me paguen por ello es una habilidad que estoy aprendiendo lentamente”.

Needle está obteniendo el tipo de educación práctica que proviene de la consecución diaria de su pasión. “Aprendí que los problemas siempre son más complicados de lo que uno piensa, y que tengo suposiciones acerca de la raza, género y cómo me relaciono con mi ambiente que nunca puedo dejar de deshacer. A la vez, las cosas que marcan una diferencia, con frecuencia son pequeñas: tener una conversación con alguien de visión o antecedentes distintos, comprar en la cooperativa local, hacer trabajo voluntario en tu centro comunitario, plantar una semilla. Traduzco mi ira ante la injusticia en pequeños pasos hacia una nueva manera de relacionarme con cada uno y la tierra, sin perder de vista los sistemas que hacen la resistencia necesaria”.

 

Preguntas

¿Qué es la justicia medioambiental?

¿Es la contaminación una preocupación en tu vecindario o en una ciudad cercana? ¿Qué has observado o leído acerca de la relación entre las empresas y los residentes en cuanto a su relación con el ambiente?

¿Qué está haciendo específicamente Asa Needle para ocuparse de temas de EJ?

Como Asa, ¿tienes suposiciones en cuanto a la raza, género y a cómo te relaciones con tu ambiente? Debate esto con un compañero en casa o en el aula.

 

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“Traduzco mi ira ante la injusticia en pequeños pasos hacia una nueva manera de relacionarme con cada uno y la tierra.”
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