Sociedad económica: Granos de café, alfombras marroquíes y el futuro del comercio justo

 

Foto por Anna Beeke

Lisa Cheung, estudiante de último año de la escuela secundaria Academy at Palumbo en Filadelfia, Pensilvania, pasó unas semanas en Nicaragua este verano construyendo una escuela con la organización sin fines de lucro BuildOn. Cheung regresó a casa con una mejor comprensión de la cultura centroamericana, un profundo aprecio por el agua, que era escasa en el pueblo cuando la bomba se secó, y un compromiso de difundir el mensaje acerca de la importancia de comprar productos procedentes del comercio justo.

“Me preguntaba acerca de los ingresos de la familia que me alojaba”, explica Cheung, que tiene 17 años. “Se me ocurrió que la abrumadora cantidad de plantas de café que vi contribuían a gran parte de sus ingresos. Nos contaron que la temporada [de recolección de granos de café] es tan importante que, en esa época, los niños incluso faltan días a la escuela para ayudar a las familias a recolectar los granos de café y hacer otras tareas. Si no fuese por el comercio justo, no recibirían un salario [justo] por su trabajo duro”.

Menos de $1,25 al día

El interés de Cheung en los salarios y el trabajo tiene que ver con una de las cuestiones económicas globales más apremiantes del siglo XXI. El comercio justo es un movimiento en el mundo empresarial que defiende el pago de precios más altos a los productores en los países en vías de desarrollo. Los productos que usamos todos los días, desde la indumentaria y joyas hasta el chocolate, café, azúcar y bananas, con frecuencia tienen su origen en áreas pobres y rurales del mundo donde los trabajadores y artesanos no reciben las mismas oportunidades económicas y sociales que los trabajadores en regiones más desarrolladas. Según Pan para el mundo (Bread for the World), que se concentra en erradicar el hambre a nivel global, se estima que en el mundo existen 1.400 millones de personas que viven con menos de $1,25 al día.

Las empresas que adoptan una estrategia de mercado de comercio justo reconocen y respetan el trabajo que tiene lugar en estos países mediante el pago rápido y justo, apoyando las condiciones de trabajo seguras, protegiendo los derechos de los niños y respetando la identidad cultural. Algunas empresas de renombre que apoyan el comercio justo incluyen Starbucks Coffee y los helados Ben & Jerry’s. Sam’s Club se convirtió recientemente en la primera cadena minorista a nivel nacional en los EE. UU. en vender un artículo de panadería fresco proveniente del comercio justo: un bizcochuelo hecho con azúcar con certificación de haber sido obtenida por comercio justo. La Federación del Comercio Justo (Fair Trade Federation), una de las asociaciones que promueve el movimiento entre las empresas en América del Norte y que exige que las empresas miembro respeten nueve principios del comercio justo en todas sus transacciones, explica que las empresas del comercio justo “dedican sus empresas a crear cambios positivos para los más pobres de los pobres”.

Alia Kate es propietaria de un comercio y devota del comercio justo. Su empresa de la ciudad de Nueva York, Kantara Crafts, tiene una certificación otorgada por la Fair Trade Federation y es una fuente importante de alfombras marroquíes tejidas a manos en EE. UU. Kate compra las alfombras directamente a las artesanas marroquíes, todas mujeres, y las vende a los consumidores en EE. UU a través de operaciones privadas.

Kate descubrió por primera vez su pasión por las alfombras tejidas a mano mientras trabajaba para una empresa consultora en Marruecos que luchaba contra el trabajo infantil. Sus viajes la condujeron a los pueblos rurales, donde descubrió el antiguo arte del tejido de alfombras. Las mujeres pasan sus días sentadas en grandes telares produciendo complejas alfombras de colores y diseño exquisitos, que luego se venden en el mercado abierto. “Conocí a muchas mujeres responsables de hacer las alfombras y noté una desconexión entre la producción de alfombras y cómo se vendían en realidad”, resalta Kate. “Las mujeres confiaban en estos intermediarios, que les compraban sus alfombras por una fracción del precio que costaba hacerlas. [Las alfombras] terminaban en bazares en lugares como Marrakech, donde los turistas desembolsaban sumas importantes por ellas. Muy poco de ese dinero volvía a las mujeres que eran responsables de hacerlas”. Una alfombra típica de 5 por 7 podía venderse por más de $2.000 en un bazar, mientras que la artesana sólo recibía unos pocos cientos de dólares, apenas suficiente para cubrir los gastos de material.

Tiempo e ingreso creativo

La misión de Kantara es establecer relaciones duraderas con las artesanas y comprar las colecciones de alfombras directamente a las cooperativas de mujeres tejedoras en Marruecos, formadas para que las mujeres puedan apoyarse entre sí en su trabajo. Durante las visitas regulares de Kate a Marruecos, dirige talleres sobre comercio justo y educa a las mujeres acerca del valor de mercado de los productos que tejen a mano. “Para mí, una de las cosas más importantes es asegurarme de que las artesanas reciban dinero no sólo por los materiales, sino también por su tiempo y contribución creativa”, explica Kate. “Además, no estás tomando algo de ellas sin reconocer su papel en la creación. Es una sensación de orgullo cuando puedo ir a los clientes interesados en mis alfombras y decirles el nombre de la mujer que tejió la alfombra que están mirando”.

Kate también ve su compromiso con las alfombras marroquíes provenientes del comercio justo como una forma de preservar la tradición cultural. “Las generaciones más mayores conocen todas estas habilidades porque fueron pasadas como tradición por sus madres y abuelas dentro de los diseños, colores y patrones. Existe un idioma enriquecido de identidad cultural, y cada pueblo tiene su estilo único propio”, destaca. “Pero estamos en un punto donde las niñas más jóvenes están eligiendo hacer una artesanía menos exigente y agotadora porque ven que a sus madres no se las compensa por el trabajo que están haciendo”.

El comercio justo seguirá evolucionando, explica Kate, a medida que la gente reconozca el resultado final social del comercio. Si bien algunos críticos sostienen que muy poco del dinero extra pagado por los consumidores llega a los granjeros y otros productores, el movimiento está creciendo. “El comercio justo es apenas un punto de comienzo”, resalta Kate. “Los jóvenes tienen la tarea de llevarlo al siguiente nivel y hacer que forme parte de lo cotidiano”. Esto significa tener en cuenta los productos provenientes del comercio justo (con precios más altos que otros), cuando llegas al centro comercial. “No me doy el lujo de comprar productos provenientes del comercio justo de forma regular, pero hago el esfuerzo de hacerlo de vez en cuando”, agrega la estudiante de secundaria Cheung. “Existe una variedad de productos derivados del comercio justo, no siempre se trata de bananas y chocolate. The Body Shop [productos de belleza minoristas] también es un lugar excelente para comprar productos provenientes del comercio justo”.

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“Las mujeres confiaban en estos intermediarios, que les compraban las alfombras por una fracción del precio que costaba hacerlas.”
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