Perspectivas sobre la iniciativa empresarial de un estudiante en Singapur

Samuel Ching, de 16 años, es un estudiante de secundaria en la Raffles Institution en Bishan, Singapur, y presidente de la Red de Empresarios de Raffles, que anima a sus miembros a abrazar el espíritu empresarial. En el siguiente ensayo, Ching comparte sus conocimientos sobre la iniciativa empresarial, desde la venta de gomas de borrar a la edad de 9 años, hasta su empresa actual que contribuye a proveer ayuda humanitaria a los países en vías de desarrollo.

“La diversión [de ser un empresario] radica en lo desconocido. Te despiertas por la mañana y no sabes qué va a pasar durante el día”, declaró un miembro del jurado de la reciente competencia Start-Up@Singapur, para jóvenes empresarios reconocidos. Sentado allí con un amigo, me cautivó la honestidad del orador. Yo había oído este mensaje de incertidumbre que rodea al espíritu empresarial, pero nunca contado de forma tan directa. Los jóvenes empresarios de Singapur consideran que el carácter arriesgado de la iniciativa empresarial es algo interesante.

Este factor de riesgo también puede ser un impedimento. El Producto Interno Bruto de Singapur [el valor de mercado total de los bienes y servicios producidos por una nación] ha crecido a un ritmo exponencial durante las últimas décadas. Esto, junto con un buen gobierno, ha hecho que Singapur pase de ser un país del tercer mundo a ser uno del primer mundo. El ingreso promedio de los habitantes de Singapur ahora se encuentra entre los más altos del mundo. A fin de mantener este alto nivel de vida, el Gobierno de Singapur da prioridad a la seguridad del empleo y las comodidades materiales por encima de todo. Esta mentalidad se transmite a mi generación, donde la mayoría de los padres desean que sus hijos trabajen duro, obtengan un título universitario y se afiancen en un trabajo seguro (y bien pagado), como contable o abogado. Esto ha causado una cierta escasez de empresarios adolescentes locales.

Mi historia habría sido la misma que la de muchos de mis amigos, si no fuera por el apoyo de mis padres y las experiencias que cambiaron mi perspectiva sobre los negocios y el espíritu empresarial. A continuación les presento tres conceptos fundamentales de mi carrera hasta el momento.

Cualquiera puede ser empresario:

Mi amor por los negocios comenzó cuando tenía tan sólo 9 años. Recuerdo mi primera transacción comercial con gran cariño. Había furor por las gomas de borrar con imágenes de banderas de países. Todos mis compañeros de clase trataban de comprarlas en la librería de la escuela, que las vendía a 50 centavos de dólar cada una. Le rogué a mi madre que me diera dinero extra para comprar las gomas de borrar. Estuvo de acuerdo y las compró en una librería minorista, mencionando de paso que cada goma de borrar costaba sólo 10 centavos la unidad, cuando se compraban en caja. Algo hizo clic en mi cabeza y me di cuenta de que podía vender los duplicados que tenía a 40 centavos, obteniendo una ganancia de 30 centavos. Estaba en lo cierto. Mis compañeros de clase se pelearon por comprar todo mi género. Gané seis dólares con esas ventas, lo cual era mucho dinero para mí en ese momento. A partir de entonces, me incursioné en empresas más pequeñas para aumentar mi dinero para gastos.

No importa cual sea tu proyecto comercial, respeta la ley:

Cuando tenía 14 años, mis compañeros de clase en la Raffles Institution se fueron transformando en hombres jóvenes y necesitaban ingerir alimentos todo el tiempo. A menudo se quejaban durante la clase de que faltaba mucho para la pausa. Al ver esto, decidí comprar aperitivos (Pringles, M&Ms, etc.) directamente a los mayoristas y se los vendía a mis compañeros de clase. Era un negocio rentable, hasta que me di cuenta de que el consumo de alimentos en el salón de clases estaba en contra de las reglas escolares. Los profesores rápidamente me dijeron que dejara de prestar este servicio. Cada vez que escucho que atraparon a alguien por transacciones ilícitas o por un delito comercial similar, no puedo dejar de reflexionar sobre la importancia de respetar las leyes, sin importar cuán rentable sea el negocio.

Los negocios están relacionados con ganar dinero… ¿no es así?

Mi contacto inicial con la iniciativa empresarial me ha mantenido enfocado en el resultado final. “Obtener ganancias, no pérdidas” era mi mantra. Esta percepción cambió cuando asistí a un campamento de entrenamiento de dos días sobre el espíritu empresarial social, organizado por la Universidad Nacional de Singapur y Grameen Creative Lab (una filial del grupo de empresas Grameen). Allí escuché un discurso de Hans Reitz, mano derecha del Premio Nobel Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen, al que nombraron “banquero de los pobres” por su trabajo ofreciendo microcréditos a personas en Bangladesh. Reitz habló sobre la necesidad de que haya empresas sociales en el mundo actual, donde las empresas “tradicionales” han perpetuado o incluso agravado el problema de la brecha entre ricos y pobres. Empecé a ver todo un mundo nuevo de posibilidades, donde los negocios se podrían utilizar para hacer frente a [nuestros] problemas más apremiantes. Actualmente, estoy siguiendo ese camino, recaudando fondos y creando conciencia para Mercy Relief, una ONG [organización no gubernamental] local que ofrece ayuda humanitaria y realiza proyectos de reconstrucción en los países en vías de desarrollo. También soy parte de un equipo que está desarrollando un modelo de negocio sostenible para capacitar a los niños de Bhután a través del arte.

Hasta ahora he aprendido mucho de la iniciativa empresarial. Sin embargo, éste es sólo el comienzo. Durante una sesión de networking, un hombre de negocios me recordó que “ser empresario es muy parecido a correr una maratón. No es una carrera de velocidad, sino un largo viaje en el que tendrás que marcar cuidadosamente tu propio ritmo. E incluso cuando tengas problemas te puedes retrasar, pero nunca, nunca dejes de moverte”.

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“Empecé a ver todo un mundo nuevo de posibilidades, donde los negocios se podrían utilizar para hacer frente a los problemas más apremiantes del mundo.”
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