La consultoría: Donde el cliente siempre es el rey

Su carrera en el sector de la consultoría ha llevado a John Matley a pasar largos periodos en India, Costa Rica e Indianápolis, donde ha aprendido a entender y disfrutar de nuevas culturas y experiencias. Matley, un consultor de PricewaterhouseCoopers en Nueva York, habló sobre su profesión a los estudiantes del último de año de secundaria que participaban el programa de verano de Wharton Leadership in the Business World.

En India, Matley hizo lo que consideraba una petición rutinaria. Pidió a su equipo que leyeran y revisaran algunos documentos durante el fin de semana para prepararse para la reunión del lunes. Sin embargo, encontró resistencia por parte de los empleados, sin darse cuenta de que en India los fines de semana se reservan exclusivamente para pasar tiempo con la familia. “Cuando llegó el lunes y no estábamos preparados para la reunión, tuve que entender la norma cultural que había transgredido y ponerme en sintonía con mi equipo”, recordó Matley.

Incluso los mejores equipos de gestión de grandes compañías no siempre tienen todas las respuestas. Cuando una compañía necesita ayuda para resolver un problema complejo, contrata a una empresa de consultoría para que proporcione nuevas estrategias y soluciones. La profesión de consultor requiere flexibilidad, grandes dotes comunicativas y la capacidad de trabajar en equipo, según dijo Matley a los estudiantes. “Como consultor, siempre estoy aprendiendo cosas nuevas. No hay dos proyectos iguales. El camino es siempre cambiante,” afirmó. Matley es especialista en trabajar con grandes sistemas informáticos para importantes compañías de seguros.

No importa lo que él haya planeado; cuando un cliente llama, un consultor responde. “Tu cliente es tu prioridad número uno”, subrayó Matley. Matley pasa entre un 80 % y un 90 % de su tiempo viajando a las oficinas de sus clientes. “Algunos eran fantásticos. Otros no lo eran tanto”, dijo.

Matley destacó que cualquier carrera que implique viajar puede poner a prueba la conciliación del trabajo con la vida personal. Su esposa y él llevan casados un año y medio, pero empezaron a salir cuando él comenzó a viajar constantemente hace 7 años. Han descubierto que las separaciones son más fáciles cuando ella va a visitar a Matley al principio del proyecto, de forma que ella puede visualizar dónde está y entender las necesidades de su cliente a lo largo del proceso. “La clave es que siempre, no importa lo cansados que estemos por nuestras profesiones, saquemos tiempo para conectarnos y tener conversaciones significativas cada día”, añadió.

Mirando al futuro

Matley, que completó el programa de grado de Wharton en 2002, afirma que su interés en la consultoría surgió tras su curso Management 100 (Gestión empresarial) el primer año de secundaria. Le gustó tanto la clase que acabó trabajando con su profesor como asistente de cátedra. A diferencia de las habilidades específicas que estaba aprendiendo en sus otros cursos en Wharton, como economía y contabilidad, Matley dijo que le gustaban los conocimientos “ligeros” de gestión. El curso se centraba en cuestiones empresariales como la creación de equipos y la elaboración de mensajes para una audiencia objetiva. “Eso es el 100 % de lo que hago ahora”, dice Matley.

Su padre era consultor, pero Matley sabía muy poco de lo que trataba el trabajo cuando era niño en Connecticut. En la escuela secundaria, Matley fue líder del consejo estudiantil. Cuando se graduó en Wharton, Matley quiso dar una oportunidad a la consultoría, pero la economía estaba débil y era difícil encontrar un trabajo de consultor. En lugar de ello, se hizo analista de negocios y se unió a la consultoría de tecnología BearingPoint, antes de acabar en PricewaterhouseCoopers.

PricewaterhouseCoopers es una importante firma de auditoría y contabilidad que también ofrece servicios de consultoría. Normalmente, Matley trabaja con los niveles superiores de administración de las compañías que contratan a su firma. “Estoy ahí para apoyar ideas a un nivel superior sobre cómo los sistemas serán en el futuro”, según Matley. Añadió que desarrollar una estrategia a largo plazo para sus clientes es una de las cosas que más le gustan de su trabajo.

Cuando trabaja en informática, Matley no escribe códigos computacionales. El trabajo de Matley es tomar una perspectiva global y asegurarse de que los sistemas informáticos del cliente están diseñados para ayudar a la compañía a alcanzar sus objetivos de negocio. Para poder ofrecer ese asesoramiento, Matley se ha convertido en un experto de la industria aseguradora. “Simplemente acabé en ello. No esperaba llegar a ser consultor de seguros en informática. Simplemente, pasó. Así es como funciona”.

El salario de un consultor puede variar ampliamente entre compañías y entre los distintos tipos de servicios de consultoría. Los profesionales de la industria pueden mantener los mejores salarios y oportunidades mediante sitios como vault.com o estableciendo conexiones en LinkedIn. “Creo que lo más importante es encontrar algo que te guste hacer, y el dinero vendrá solo”, aconseja Matley. Apunta que algunos de sus amigos de la universidad que al principio consiguieron los trabajos más prestigiosos y mejor pagados, ahora han cambiado sus carreras para dedicarse a las profesiones que aman. “Si de verdad te gusta lo que haces, seguramente tendrás éxito en ello”, subrayó Matley.

Solucionando problemas

Matley explicó que los consultores ganan experiencia en diferentes industrias trabajando con muchos clientes distintos. En el proceso, aprenden mucho acerca del negocio sobre el que asesoran, y su amplia experiencia en diversas compañías beneficia a todos los clientes. No obstante, apuntó que los consultores evitan revelar un conocimiento sobre un cliente a otro que pueda ser la competencia.

A veces, dijo, la compañía del cliente puede saber ya lo que tiene que hacer, pero tiene problemas para articular la solución y comprometer a las distintas partes de la organización para que sigan el plan. A veces PWC genera las soluciones, y otras es a medias entre los asesores y los clientes. A menudo un cliente tiene una buena idea pero necesita que la avalen externamente. “No hay dos proyectos, dos clientes o dos situaciones iguales”, afirmó Matley. “Eso me hace sentir que siempre estoy aprendiendo y llevando a cabo soluciones distintas”.

Matley dijo a los estudiantes que en realidad no existe un día típico para un consultor. Un día puede estar trabajando en su oficina, o teniendo una reunión con su jefe. Otros días, va a las oficinas de un cliente, y le ayuda a solucionar problemas in situ. Algunas semanas trabaja 45 horas. Otras, entre 70 y 80 horas. A menudo tiene la libertad de diseñar su propio horario, dice Matley: “Hay mucha flexibilidad, lo cual me encanta”.

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