Kiva: Cómo mejorar la vida de las personas con préstamos pequeños

Casi todo el mundo le dijo a Matt y Jessica Flannery que su idea de implementar un sitio web para gestionar microcréditos a prestatarios individuales del mundo en desarrollo sería un fracaso.

Los inversores de capital riesgo no podían vislumbrar cómo alguien podría ganar mucho dinero a partir de préstamos limitados a unos pocos cientos de dólares. Las fundaciones, por su parte, no podían apoyar algo que fuera visto como comercio y no como caridad. Matt Flannery recuerda que tenía la sensación de “estar en el extraño espacio de las iniciativas emprendedoras de carácter social tratando de luchar contra las percepciones”.

Sin embargo, tomaron la decisión de comenzar el proyecto. Hoy en día, Kiva.org, el sitio web creado por los Flannery, es uno de los lugares más visitados y alabados de la Red. De hecho, un cronista del ciberespacio lo comparó con un servicio de citas en línea e, inclusive, Bill Clinton ha alabado sus virtudes. Los 270.000 prestadores de dinero de Kiva son personas que han facilitado los fondos a través de tarjetas de crédito, en incrementos escalonados de 25 dólares, y su acción ha contribuido a satisfacer a prestatarios en lugares tan distantes como Tanzania y Tayikistán. A día de hoy, han brindado asistencia financiera a unos 40.000 prestatarios de 40 países, por un fondo total de 27 millones de dólares.

El sitio web Kiva, que fue fundado en el año 2005, ha resultado ser tan exitoso que ya han surgido imitadores: el año pasado eBay lanzó un sitio de préstamos llamado MicroPlace.

Una filosofía que congrega a Google y a Bono

Kiva constituye una mezcla de la osadía comercial de Google y los valores benefactores de Bono, el cantante líder de la banda de rock U2. A partir de este principio, los Flannery se las han ingeniado para consolidar dos tendencias socioeconómicas: las redes sociales y el microfinanciamiento. Este último está orientado a mejorar la calidad económica de las personas del mundo en desarrollo por medio del apoyo con créditos pequeños en lugar de donaciones.

En su calidad de red social, Kiva ofrece perfiles en línea de posibles prestatarios. Quienes ofrecen fondos estudian dichos perfiles y otorgan los créditos a aquellas personas que consideren más apropiadas. Asimismo, tienen a su disposición la posibilidad de filtrar a los posibles prestatarios por criterios tales como nacionalidad, género, tipo de negocio o nivel de necesidad. Las viudas africanas obtienen un alto grado de atención, mientras que los hombres y carniceros la congregan en mucha menos medida. (Quienes ofrecen los fondos también puede mostrar sus perfiles; Kiva resalta a esos prestadores individuales así como a la contribución que han hecho).

Una vez que un prestador de dinero otorga el préstamo, Kiva remite el dinero a la institución de microfinanciamiento (MFI, por sus siglas en inglés) en el país del prestatario. Esta institución, que es una de las 100 con las cuales Kiva mantiene relaciones, entrega el dinero y se asegura del pago puntual del préstamo. En la jerga de la banca, la MFI atiende el préstamo.

Quienes aportan los fondos no pueden cobrar intereses por sus préstamos y Kiva tampoco los carga a las instituciones MFI. Pero las MFI sí los cobran a sus prestatarios de los países en desarrollo. Esta gestión crea fuentes de financiamiento de bajo costo para las MFI y ellas, a su vez, pueden obtener el dinero necesario para cubrir sus costos operativos. En teoría, el prestamista de Kiva restituiría el dinero al circuito cuando éste fuera cobrado, con lo cual se generaría un círculo virtuoso. De acuerdo con lo expresado por el presidente de Kiva.org, Premal Shah: “el 97 % de nuestros préstamos activos están siendo procesados en fecha, con una tasa de morosidad menor al 1 %”.

Desafortunadamente, quienes aportan fondos no han asumido el segundo paso del procesos aún. “Nuestro desafío actual es convencer a quienes reciben su dinero de vuelta para que lo restituyan al círculo de préstamos”, indicó Flannery. “Simplemente mantienen su dinero en la cuenta [de Kiva]. Quizás no saben que era un préstamo o quizás piensen que era una donación. Actualmente, tenemos un flujo de efectivo de alrededor de unos 3 millones de dólares”.

Kiva es una organización sin fines de lucro que se sustenta a través de la contribución económica voluntaria de sus prestamistas cada vez que éstos realizan un préstamo. “Así, obtenemos un 8 %”, indicó Flannery. “Si nuestros prestadores de dinero ofrecen un millón de dólares, nosotros obtenemos 80.000 para financiar programadores e ingenieros de sistemas”. Hoy en día, Kiva cuenta con unas 25 personas trabajando en su casa matriz de San Francisco.

La importancia de una buena propaganda

Anteriormente, los Flannery y Shah habían sostenido el sitio web haciendo frente a los costos con sus propios fondos. Entonces, Matt Flannery escribía programas de computación para TiVo y Shah trabajaba para eBay. Al final, no necesitaron obtener recursos financieros externos porque Kiva consiguió menciones en los medios de comunicación. Esto atrajo un flujo importante de prestadores de dinero hacia el sitio web. “La presentación en los medios públicos multiplicó por 10 nuestro nivel de crecimiento en una noche”, indicó Flannery. “Y gracias a Oprah, quizás volvió a multiplicarlo por 10 en otra noche”.

Flannery se siente orgulloso de no haber hecho caso a quienes querían desanimarlos. “Los expertos decían que ‘Esta era una idea interesante para hacer publicidad que no prosperaría. ¿Cómo lograr que cientos de personas de Uganda, Camboya y Tanzania, lugares distantes donde Internet no es completamente operativa, suban sus fotos y la gente les ofrezca su dinero?’. La idea parecía descabellada”, destacaba Flannery. “Pero nunca pensamos que iba a ser un negocio multimillonario sino nuestro proyecto alternativo”.

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“Nunca pensamos que fuera a ser un negocio multimillonario. Era nuestro proyecto alternativo.””
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