Haciendo el bien, con el poder de la mitad

La familia Salwen decidió que la caridad comienza en casa a lo grande. Vendieron su casa, una mansión en Atlanta, se mudaron a una vivienda que valía la mitad y donaron el resto del precio de venta a El Proyecto Hambre y sus actividades dirigidas a terminar con la pobreza en Ghana. Luego, contaron la simple pero sorprendente saga en El poder de la mitad: la decisión de una familia de dejar de recibir y comenzar a devolver, un libro que desafía a un creciente número de lectores a encontrar su propia forma de compartir lo que tienen con otros y, al mismo tiempo, a  unirse más como familia. Stewart Friedman, un profesor de Gestión de Wharton, fundador de la comunidad Liderazgo Total, y director del Proyecto de Integración Trabajo/Vida, habló recientemente con Kevin Salwen y su hija Hannah, una joven estudiante de secundaria, sobre su historia de reducir para generar cambio.

A continuación se transcribe una versión editada de la conversación.

Stewart Friedman: Hanna, tú fuiste el catalizador de la decisión de tu familia cuando tenías sólo 14 años. ¿Cómo sucedió?

Hannah Salwen: Bueno, un día estaba manejando mi auto con mi padre y nos detuvimos en un semáforo. Miré a mi izquierda y vi un hombre que sostenía un cartel que decía “Sin hogar. Por favor, ayúdenme”. Miré a mi derecha y vi un hombre en un Mercedes cupé. Me sentía confundida en medio de la situación de ricos y pobres y le dije a mi padre: “Sabes, papá, si ese hombre con el Mercedes no tuviese un auto tan lindo, el hombre de allí, el que no tiene hogar, podría disfrutar de una comida”. Mi padre lo pensó por un segundo y dijo: “Sí, pero sabes, si fuésemos nosotros los que no tuviésemos un auto tan lindo, ese hombre también podría tener una comida”. Entonces, esa noche, cuando regresamos a casa y hablamos con mi madre y mi hermano Joe sobre el tema, mi madre dijo con frustración: “Bueno, ¿qué quieres hacer? ¿Quieres vender la casa?”Y yo dije, “Sí. Eso es lo que yo quiero hacer”. Así que eso es lo que hicimos.

Friedman: Vaya. Esa debe haber sido una decisión muy difícil de tomar como familia. Realmente transformó a su familia en cuanto a tener que identificar qué es lo que más les importaba y dónde invertirían sus recursos. Cuéntennos el proceso de toma de decisión que los llevó a materializar esta idea impulsiva.

Kevin Salwen: Pasamos mucho tiempo de nuestra vida pensando cómo invertir dinero para ganara más dinero. Pero nuestra familia nunca había pasado mucho tiempo pensando sobre cómo invertir dinero para cambiar el mundo. Así que fue mi esposa Joan quien inventó la forma en la que procedimos. Básicamente, nos reuniríamos cada domingo entre rosquillas y café como un equipo de cuatro, los dos niños y los dos adultos, y comenzaríamos a investigar. Hablaríamos sobre una serie de problemas del mundo: sexismo, falta de educación, falta de agua, pobreza; el objetivo era comenzar a entender primero nuestros valores y decidir cómo queríamos invertir nuestro dinero.

Después de casi un año de conversaciones e investigación, hicimos una votación (un voto por persona). Y decidimos que queríamos trabajar en África, con una organización que tuviese muchas iniciativas y que fuera muy popular. Nuestro año de investigación nos hizo tener en cuenta una amplia serie de criterios, y El Proyecto Hambre fue la organización con la que decidimos trabajar.

Friedman: Una persona, un voto, es uno de los aspectos más sorprendentes de su historia. Es decir, su decisión como padres de crear una serie de toma de decisiones colectivas donde cada uno de los cuatro participaba por igual.

Kevin: Eso fue una locura, ¿verdad? Es irracional vender tu casa y dar la mitad. Hay posiblemente algo aún más irracional en decir: “bueno, voy a dejar que los hormonales adolescentes tengan exactamente los mismos derechos que los adultos”. Pero, tu sabes, mi esposa realmente insistió en esto, y fue fascinante porque probablemente fue lo más importante que hicimos. Lo que ella dijo fue: “mira, ¿quién está vendiendo la casa? Los cuatro. Nosotros compramos la casa, pero los niños están renunciando a sus habitaciones. Están renunciando a su patio. Se mudarán al igual que nosotros”. Si no convertíamos a esto en un proyecto familiar en el que cada miembro de la familia tuviera derecho, nos habríamos estado olvidando de ese punto. Así es que anulamos completamente la jerarquía. Una persona, un voto. Posiblemente, fue la responsabilidad más grande que hayan tenido estos niños.

Friedman: Estoy seguro de que habrá padres que piensen que la votación igualitaria para niños no cuadra con nuestros valores y la forma en que operamos. Estoy seguro de que deben de haber encontrado algo de ambivalencia en ustedes mismos sobre el cambio a dicho modelo.

Kevin: Estaba nervioso. Cuando Joan lo comentó por primera vez, en realidad no me gustó mucho la idea, en parte porque estaba preocupado sobre cómo separar las cosas, no tanto en este proyecto sino en otros aspectos. Cómo dejo que mis niños tengan derecho a opinar sobre dónde invertiríamos 800.000 dólares, que es lo que finalmente hicimos, y luego decir, “no, no puedes usar ese auto” o “no, debes hacer tus tareas antes de salir con tus amigos”. Me preguntaba dónde estaría el límite.

Friedman: ¿Le resultó difícil establecer esos límites?

Kevin: Lo sorprendente es que les enseñamos a los niños a tomar decisiones importantes. Progresaron en otras áreas de sus vidas. Y esencialmente lo que logramos fue aumentar enormemente las líneas de comunicación. Ahora, si Hannah planea hacer algo, o hace algo, lo hablamos. Y puedo confiar más en que tomará mejores decisiones sobre esas cosas, como cuándo ella conducirá el auto. Así que la mayor parte del tiempo ni siquiera debo decírselo. Pero cuando lo hago, me respeta porque entiende cuál es mi intención, porque nos conoce mejor a mí y a Joan.

Friedman: Así que siguieron adelante en el proceso de tomar la decisión de finalmente trabajar con El Proyecto Hambre y luego viajar a Ghana. Cuéntennos qué encontraron allí y qué aprendieron.

Hannah: Cuando vas a Ghana con El Proyecto Hambre compruebas que no vas  hacer un trabajo de participación. Ellos creen realmente en los africanos. Creen realmente que la gente de estas comunidades son los agentes de cambio de su propio futuro. Así que cuando fuimos allí, no hicimos ningún trabajo participativo. Yo esperaba construir un pozo de agua o quizás pintar una iglesia o construir una escuela. Me impactó que lo que se suponía que debía hacer era sólo relacionarme con la gente de allí y decir “creo en ustedes y en que el trabajo que están haciendo cambiará sus vidas”. Eso es realmente fortalecedor para ellos, el saber que los respaldamos y que estamos allí para ayudarlos sin importar lo que pase.

Fuimos a la inauguración del molino de maíz. Mi parte favorita de todo el viaje fue ver lo emocionada que estaba esta gente por este molino de maíz, porque significaba que sus niños, principalmente las niñas, ya no tendrían que caminar seis millas ida y vuelta para moler su maíz, sino que podrían ir a la escuela y obtener una educación. Cuando me estaba marchando, mi padre me dijo que el molino costaba lo mismo que los frenillos dentales de Joe. En ese momento, supe que estábamos haciendo lo correcto con nuestro dinero, y que estábamos realmente contribuyendo a cambiar la situación de estas comunidades.

Kevin: En realidad, si lo piensas bien, en casa hicimos lo mismo que nos pidieron que hiciéramos en África: alentar a la gente a construir su propio futuro. Lo que es fascinante es el viejo dicho de que si le das a un hombre un pez, comerá por un día, pero si le enseñas a un hombre a pescar, comerá toda la vida. Bueno, la perspectiva del Proyecto Hambre es que el hombre ya sabe pescar. Pero simplemente no tiene los recursos para poder pescar. El hombre podría probablemente enseñarte cómo pescar. Y, por cierto, si realmente deseas tener éxito, el hombre casi siempre debe ser una mujer. El Proyecto Hambre se enfoca principalmente en el empoderamiento de la mujer.

Friedman: ¿Por qué?

Kevin: Porque si le das a un hombre 10 dólares, o si un hombre gana 10 dólares, lo primero que hará es fumar cigarrillos, comprar unas botellas de Coca-Colas, quizás salir a tomar una cerveza con sus amigos y luego regresar con algunos centavos. Lo que hará la mujer es asegurarse de pagar las cuotas de la escuela, principalmente para su hija, porque el hijo generalmente ya está cubierto, luego asegurarse de que la casa no necesita nada, después, si sobra algo, tendremos una conversación.

Friedman: Esto es un ejemplo realmente notable de entrega y sacrificio, pero sé que habían dicho de forma muy elocuente en el libro que lo que recibieron a cambio en lo personal fue mucho más grande que el costo. ¿Podrían contarnos un poco más sobre esto?

Kevin: Para mí, es sorprendente cómo nos decidimos a hacer un poco de bien en el mundo y que lo que recibimos como familia haya sido completamente transformador. En una época donde se supone que nuestros adolescentes se desvían en todas las direcciones, nuestra familia nunca ha estado más unida. Hay una confianza y conexión entre nosotros que nunca tuvimos antes.

Hannah: La gente siempre me pregunta: “¿Extrañas tener una casa linda?” “Por supuesto que sí”.

Friedman: ¿Incluyendo el elevador de tu habitación?

Hannah: Exactamente. Era tan lindo cuando la gente venía y me decía: “vamos. Paseemos en el elevador. Es mi cumpleaños. Por favor. Por favor”. Pero cuando lo pienso, al renunciar a la casa estoy ayudando a 40.000 personas en Ghana, y he ayudado a que nuestra familia se una aún más y a que confiemos entre nosotros. Haría ese cambio en cualquier momento.

Kevin: Pero es realmente importante decir que no esperamos que alguien más venda su casa.

Hannah: Especialmente, en esta economía difícil. Entendemos que la gente no tiene los recursos para hacer eso a menudo. Pero sí creemos que todos tienen más que suficiente de algo es sus vidas como para dar la mitad y que puedan sustentar económicamente; y eso puede ser tiempo. Si tu ves seis horas de televisión a la semana, quizás puedas reducir el tiempo a tres horas, y pasar tres horas en un refugio infantil. O quizás decidas tomar la mitad de tus vacaciones habituales y donar el dinero y el tiempo sobrantes a la casa Ronald McDonald, o visitar a los niños de una clínica de cáncer. Se trata en realidad de encontrar esa cosa en tu vida, ya sea tiempo, talento o riqueza, cuya mitad puedas darte el lujo de compartir.

Kevin: Lo ideal sería que puedas reunirte con tu familia, o con tu residencia estudiantil o fraternidad, y hacerlo de forma colectiva, así obtendrás el poder que te brinda la interconexión de tus acciones intencionales. De ahí viene el beneficio personal.

Friedman: Y no sabían que vendría. Fue una especie de subproducto no esperado de este sorprendente impulso de intentar reparar al mundo quebrado.

Kevin: Reparó nuestro mundo. Al principio, habría dicho, “bueno, quizás podamos ayudar a algunas personas del mundo subdesarrollado a construir un mejor mundo para ellos mismos”. Y terminamos haciendo eso, pero también construimos un mejor futuro para nosotros mismos.

Friedman: Deben toparse con mucho escepticismo de gente que debe de decir: “bueno, es que ustedes podían afrontar económicamente lo que hicieron. De lo que han prescindido es mucho más de lo que la mayoría de la gente tienen para comenzar”. ¿Cómo responden a ese tipo de críticas, y también a la idea de respaldar a un país extranjero, en lugar de ayudar a la tanta, tanta gente de aquí en Norteamérica, que también se podría beneficiar de donaciones filantrópicas?

Hannah: Bueno, en primer lugar, esto no tiene nada que ver con el dinero, en absoluto. No necesitas mucho dinero para realizar la mitad del proyecto. Se trata de encontrar algo de tu vida cuya mitad puedas donar, sin perjudicarte económicamente, ya sea ropa o el tiempo en el que haces XYZ o el dinero que tengas.

Tenemos tres razones principales por las que decidimos trabajar en el exterior. La primera es que ya estamos trabajando mucho localmente. Yo trabajo en Café 458, que es un restaurante de Atlanta para hombres sin hogar. Mi padre está en la junta directiva de Hábitat para la Humanidad. Mi hermano ama la Sociedad Protectora. Mi madre y yo trabajamos en el banco de alimentos. Y sentíamos que también queríamos trabajar internacionalmente. Pero al mismo tiempo aumentamos el trabajo que estábamos haciendo de forma local.

La segunda razón es que queríamos trabajar en un lugar donde nuestro dinero fuera realmente efectivo. Queríamos ver el progreso del proyecto, ver cómo las personas del poblado se beneficiaban con él, y poder ver las mejoras que se han estado realizando.

La tercera razón es que no hay red de seguridad en lugares como Ghana. Ellos no tienen el lujo de un comedor de beneficencia en la calle, o un comedor comunitario a dos cuadras de distancia. No tienen ni siquiera asistencia médica a decenas de millas de distancia. Así que queríamos trabajar en un lugar donde pudiéramos tener la mayor repercusión posible.

Friedman: ¿Cómo ha cambiado esto su perspectiva? Kevin, tu fuiste editor del Wall Street Journal y un exitoso escritor y emprendedor. Ahora, este proyecto probablemente debe estar tomando gran cantidad de tu tiempo y energía y abriendo todo tipo de nuevas oportunidades para ti. ¿Cómo ha cambiado tu identidad profesional como resultado de esta experiencia de transformación?

Kevin: Lo que ha pasado en mi vida profesional es que he pasado de ser simplemente un escritor y un emprendedor a ser un evangelista, porque nos hemos encontrado con algo que se ha vuelto muy poderoso para nuestra familia y para el mundo. Así que queremos contar la historia. Queremos que la gente la escuche, porque creemos que puede hacer grandes cosas con sus propias comunidades.

Friedman: ¿Y qué me puedes decir de ti, Hannah?

Hannah: Bueno, yo quiero ser enfermera. Me inspiraron las enfermeras de Ghana con sólo ver el gran impacto que ellas tenían en sus comunidades. En cuanto al futuro, siempre encuentro medios proyectos para realizar. A menudo decimos en nuestra vida, “desearía poder hacer más”. Pero en realidad no se hace nada con la palabra “más”. Con la mitad, se hace mucho. Puedes buscar algo. Yo creo que estaré realizando medios proyectos el resto de mi vida.

Friedman: ¿Podrías informarnos que está pasando en Ghana con los últimos resultados de la contribución hecha allí?

Kevin: La forma en la que funciona El Proyecto Hambre es llevando a cabo un programa de cinco años para ayudar a la gente de los poblados a pasar de la pobreza a la autosuficiencia. Estamos en el segundo año con un grupo de personas de alllí, y en el primer año con otro grupo. Así que los programas se seguirán realizando durante los próximos cuatro años, y las personas de los poblados van camino de lograr su autosuficiencia. Volveremos allí muy pronto y haremos todos lo que hacemos cuando estamos allí: pasar más tiempo con las personas, conocer a la gente, respaldarlas… y bailar muy mal.

Enlaces relacionados

Comunidad de Liderazgo Total de Stewart Friedman

El portaviandas de Hannah

El Proyecto Hambre

Sobre Ghana, África

The Huffington Post: Kevin Salwen

El poder de la mitad en Facebook

“Renunciar a nuestra casa ha ayudado a 40.000 personas de las villas de Ghana y ha ayudado a nuestra familiar a unirse aún más y confiar uno en el otro. Haría ese cambio en cualquier momento.”
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